miércoles, septiembre 26, 2007

De regreso en México

Bien, pues creo que ya dejé de escribir lo suficiente. La última vez que lo hice todavía estaba en Nueva York, en lo que fue mi segunda estancia en aquella ciudad. En los últimos cuatro meses (junio, julio, agosto, septiembre) me la he pasado aún fuera de la Ciudad de México.

Cerca de dos meses de una experiencia que todavía no logro digerir del todo en Oaxaca, Oaxaca, un lugar al que llegué con muchas expectativas, pero que en realidad resultó una decepción por todo lo lo alto del Cerro del Fortín.

De ahí, medio harto y medio cansado, me fui durante 15 días a Buenos Aires; no cabe duda que a mí se me atoran en el cuello las ciudades chicas, ni qué decir de los pueblos, sean en Nueva Inglaterra o en la Antequera, y prefiero ciudades monstruo como Nueva York, como Buenos Aires o como Ciudad de México.

Indispuesto a quedarme quieto, me fui todavía una semana más al desierto, a Hermosillo, Sonora, donde tenía cuentas pendientes con la vida, que finalmente quedaron saldadas.

Supongo que ya no hay de otra más que quedarse en México y volver a escribir (no sé si cambiarle el nombre a esta bitácora por algo así como México desde dentro) o quedarse en México y no escribir. Opto por lo primero aunque con la idea de que ciertamente no será esto lo único que escriba.

De hecho, por si a alguien le interesa ando pensando en publicar una revista, mensual o bimensual, sólo Dios lo sabe en este momento, en la que pueda invitar a escribir a amigos, enemigos, conocidos y desconocidos. Si alguien que me lea después de tanto tiempo de no haber actualizado México desde fuera le interesa el proyecto, avísenme, quiero ver qué se necesita (además del dinero) para hacerlo y ver de qué manera se resuelve ese primer problema (el dinero).

El triple chasco

En lo que hace a lo que ha pasado en México en los últimos meses ha sido decepcionante, patético desde donde se le quiera ver, asistir a la comedia de equívocos de la expareja presidencial. No cabe duda que, con todos los defectos que se le quisieran ver, las antiguas reglas no escritas de la política mexicana tenían un valor que crece cuando se observa el espectáculo patológico de la megalomanía de los Fox-Sahagún.

¿Qué pensaban que iba a ocurrir cuando pagaron el reportaje en la revista del corazón en la que optaron por hacer pública la verdadera, la única realmente existente Foxilandia? Tengo amigos que han tenido la oportunidad a lo largo de estos años de entrar en contacto con la señora Martha Sahagún. Todos ellos parecen coincidir en que hay dos rasgos que definen la personalidad de esta señora. El primero, me dicen es la ambición. Una ambición sin límites que la hizo particularmente atractiva para un personaje con obvios déficit afectivos como es el caso del señor Vicente Fox.

La otra, me han dicho las tres personas que la conocen y me conocen a mí, es el descuido, el desdén incluso, por ciertas formas y la aspiración--seguramente vinculada con el primer rasgo de personalidad que la describe--a ser ella quien imponga esas reglas.

En esa lógica, lo que la señora Martha Sahagún decidió hacer al publicitar Foxilandia sería congruente con esos dos rasgos de personalidad que la describen. En todo caso, lo que es un hecho es que--como era costumbre a finales de la gestión del inútil de su marido--el tiro les salió por la culata. Fox, pobrecito, sumido en el ené-simo sueño del Prozac y Dios sabe qué otros fármacos, es una desgracia para el panismo, para el catolicismo mexicano y para México en su conjunto.

Para el panismo porque se convierte, de nueva cuenta, en la piedra en el zapato para el actual gobierno que tendrá que renegociar ahora el apoyo de priístas y el silencio de los perredistas para los intentos que hace el actual gobierno para echar a andar algo parecido a un programa de reformas.

Para el catolicismo mexicano porque es un hecho que el primer presidente abiertamente católico en la historia reciente de México resultó ser un chasco. Sólo desde el fanatismo religioso se puede insistir en arropar a un personaje que incluso en las cuestiones más delicadas, más cercanas al catolicismo, no dudó en hacer a un lado un mínimo de prudencia e inteligencia para darle la razón, sin más a su esposa. En ese sentido, lo que hubiera podido ser una oportunidad de primera para llevar a la práctica--entre otras muchas cosas--los principios de la doctrina social de la Iglesia, acabó siendo--como ya decía antes--un chasco.

Finalmente, la tercera dimensión del chasco es la que tiene que ver con el país en su conjunto. Si Fox era el primer presidente democráticamente electo de México, como muchos lo quisieron creer (yo no estaba por cierto entre ellos), el hecho es que el que chasco democrático ha sido terrible. Un gobierno incapaz de ejercer el gasto público que le fue autorizado ¡No porque no contara con los recursos o porque no hubiera necesidades, sino porque no fue capaz simplemente de ejecutar la obra pública! Un gobierno incapaz de ejecutar correctamente la obra pública que efectivamente desarrolló, como lo atestigua ese monumento a la estulticia que es la Biblioteca José Vasconcelos en el Distrito Federal.

En suma, las últimas dos semanas, han sido una suerte de regreso innecesario a los últimos meses de la gestión del pobre Fox (tan mandilón), por eso es que--con todos sus excesos--había algo de sabiduría en aquellas reglas no escritas de la política mexicana que obligaban al expresidente a una suerte de autoexilio y si no, por lo menos, a la prudencia que, con todo lo que se pueda criticar, ha ejercido en los últimos 19 años Miguel de la Madrid.


La reforma electoral

Con todo, hay cosas buenas que vale la pena considerar. Una de las pocas, me parece (y ya sé que voy a estar en la minoría en esto) es la de la reforma electoral que va viento en popa en los congresos de los estados luego de su aprobación en el Congreso de la Unión.

Yo creo que la reforma es positiva por--entre otras--las siguientes razones:
  • Reduce la capacidad de las televisoras para actuar como árbitros oficiosos de la vida pública en el país.
  • No lo hace, por cierto, como las propias televisoras lo han querido hacer a costa de las libertades públicas, sino estableciendo lo que, a mi modo de ver, son sanos controles sobre el desempeño de los medios--especialmente los electrónicos--y sobre la capacidad de los gobernantes y de los partidos políticos para comprar espacios o tiempos en los medios.
  • Obliga a que las campañas políticas transcurran por medios distintos a los que--por ejemplo--el foxismo y el lopezobradorismo hicieron suyos.
  • Limita los márgenes de discrecionalidad que todavía tenían los gobernadores y los congresos de los estados para hacer de las elecciones estatales sus mini-cochineros, algo en lo que panistas, perredistas y priístas se especializaron en los últimos 10 años.
Es cierto, la reforma no es perfecta, pero cumple--a pesar de todos los problemas que se le quieran encontrar--con otro objetivo: acotar el poder de la líder vitalicia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Elba Esther Gordillo. Aquí de nuevo es posible ver la huella de los errores de la administración Fox, pues fueron ellos--los Fox--quienes le apostaron todo a las maquinaciones de la señora Gordillo. Cuando ella fracasó gracias a la torpeza y la irracionalidad igualmente aberrante de Roberto Madrazo, lo que se abrió para ella fue una ventana de oportunidades que no ha dudado en aprovechar al máximo, pero que ahora, gracias a la reforma se cierra por partida doble.

Por una parte, se cierra en la medida que es un hecho que Luis Carlos Ugalde es, ha sido y será un peón de la señora Gordillo; se cierra también por lo que hace a la capacidad que el Partido Nueva Alianza tendrá para seguir actuando--como lo han hecho el Partido Verde Ecologista de México, Convergencia y en menor medida el Partido del Trabajo--como los chantajistas de la política en México.

La reforma, es muy claro, no fue del agrado de las televisoras y éstas han sido muy hábiles para despertar la desconfianza de millones de mexicanos que no dudan en comprar desde los penosos argumentos de sobremesa de personajes como Héctor Aguilar Camín, quien asegura que la reforma va a crear un mercado negro de la publicidad política, un argumento francamente ridículo) hasta la histeria típica de TV-Azteca (Apesta) de calificar la reforma como "chavista".

En todo caso, me parece que lo importante de la reforma es que camina, que los partidos hicieron de lado sus diferencias--muchas veces infantiles--y que en los congresos de los estados la reforma camina y camina bien. Oaxaca, México, Morelos, Zacatecas y Durango ya aprobaron la reforma y sólo en Zacatecas un diputado que es a la vez radiodifusor se opuso a la reforma, del mismo modo en que uno de los senadores priístas por Nuevo León, empleado de los Salinas Pliego, se opuso a la reforma en el Congreso de la Unión.

La reforma fiscal

La decepción más grande, sin embargo, ha venido del lado de la reforma fiscal que se convirtió al poco tiempo de que inició la negociación en una suerte de megamiscelánea fiscal con todos los defectos propios de otras misceláneas fiscales pues en los hechos gira en torno a un aumento a las gasolinas que--efectivamente--les dará mayores recursos a los gobiernos de los estados pero que, al mismo tiempo, tiene todos los efectos perversos de reformas fiscales previas que no resuelven el problema de fondo del país y que todos sabemos que sólo se va a resolver con un aumento significativo a la tasa del IVA y con la eliminación de las absurdas exenciones fiscales que actualmente existen.

De mi viaje por Buenos Aires me quedó esa convicción pues allá se paga una tasa general del 21 por ciento, muy cercana a la del 19 por ciento que se paga en Chile. Gracias a esas tasas más altas de impuesto al valor agregado los gobiernos de Argentina y Chile tienen más recursos a su alcance para resolver muchos de los problemas que afectan a sus países y que son, por lo demás, muy parecidos a los que tenemos en México.

Claro está, el aumento al IVA nadie lo quiere aprobar ahora, pero hay en esta decepción una paradoja histórico-política muy interesante. En 1997, cuando era presidente de México Ernesto Zedillo, él propuso justamente una reforma que hubiera elevado al 15 por ciento el IVA de manera generalizada, sin las exenciones que existen en la actualidad.

En ese entonces el PAN, preso de los excesos de todos conocidos y de las presiones de sus propias tribus, optó por no apoyar el incremento que necesitaba de su apoyo pues ese año el PRI había perdido el control de la Cámara de Diputados. Los panistas optaron por refugiarse en cualquier cantidad de pretextos baladíes y la propuesta de Zedillo murió. El argumento dado por el CEN del PAN en aquel entonces es que no era "políticamente conveniente" ir con el PRI en una reforma de ese tipo.

Los priístas, lógicamente, han correspondido con la misma moneda y, gracias a la suma de perversidades, el país se encuentra sumido en el fango en el que nos encontramos en la actualidad...

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A quienes me escribieron, a quienes me han preguntado qué onda con este espacio, les agradezco mucho. A mis amigos que me siguieron por este medio mientras estaba fuera, les agradezco mucho y espero verlos muy pronto mientras esté aquí en el DF.



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