miércoles, marzo 28, 2007

La crisis

No, no se trata de una crisis en México, al menos no por el momento. Se trata de la crisis que vive la economía de Estados Unidos cuyas consecuencias, esas sí, deben poner al gobierno de México en estado de alerta.

Insistir en que el gobierno de Estados Unidos tiene la solución a los problemas de México en la medida que se decida o no a intercambiar seguridad en su frontera con México a cambio de entregar documentos a los millones de paisanos que están aquí sin papeles, no sólo es insistir en ver el mundo como se veía antes de la emergencia de China e India como potenciales industriales y comerciales, es jugar el juego del tío lolo.

Ayer hablaba--supongo que conmigo mismo después de haber dejado de escribir tanto tiempo en este espacio--acerca de los problemas que enfrenta la economía de Estados Unidos como consecuencia de la crisis del mercado inmobiliario.

Hoy, antes de que pudiera tomar un respiro en mis sueños apocalípticos a propósito de las consecuencias de una crisis en Estados Unidos, el New York Times publica dos notas que son como para helarle el espinazo a cualquiera que no sea el señor Arturo Sarukhán, su patrón, el señor Jorge Castañeda, o algunos de sus contactos en la actual administración del gobierno federal.

Y creo que ellos están al margen de ese tipo de sentimientos porque el actual embajador de México en Estados Unidos, el tal Sarukhán, y el malhadado excanciller del gobierno Prozac de Vicente Fox, siguen justamente atenidos a esa idea peregrina según la cual México puede intercambiar seguridad a cambio de migración.

Incluso si no hubiera crisis la idea es, por sí misma, bastante estúpida, pues en los hechos obligaría a México a garantizar a Estados Unidos algo que nadie puede garantizar: que no vaya a ocurrir un ataque en el que los terroristas utilicen a México como paso o base de operaciones.

Pero más allá de ese hecho, la realidad es que la economía de Estados Unidos está entrando en un periodo de crisis mucho más difícil del que los funcionarios de la Casa Blanca, del Banco de la Reserva Federal y de otras instancias quisieran reconocer.

La primera nota del New York Times es un extenso reportaje a propósito de los efectos devastadores que ha tenido sobre la economía local de la Zona Metropolitana de Nueva York el que muchas personas que compraron departamentos o casas en Nueva Jersey, also así como el Naucalpan-Tlalnepantla de Nueva York, no tienen dinero para pagar sus hipotecas y, en consecuencia, los bancos y otros intermediarios financieros están teniendo que enfrentar una situación para la que nadie se había preparado.

No es difícil comprender porqué luego de haber pasado algún tiempo acá en Nueva York. En primer lugar, a pesar del brutal "boom" en el mercado inmobiliario en los últimos ocho o nueve años, los precios de las casas y los departamentos no bajan. Se mantienen contra viento y marea contradiciendo los más elementales supuestos de las "leyes" del mercado que nos dicen que cuando aumenta la oferta los precios tienden a bajar.

Aquí no ocurrió eso. Una casa pequeña en dos pisos en zonas medianamente vivibles del Bronx o de Queens no han bajado de los 250 o 300 mil dólares y departamentos de una o dos recámaras en algunos barrios de Manhattan, Queens y Brooklyn se ubican en niveles similares. Los que conocen los detalles del mercado inmobiliario local dicen que es porque en realidad mucha gente compró pero no para vivir en esos lugares, sino para rentarlos con la esperanza de que el mercado de la renta no sólo no resentiría la crecida en la oferta, sino que incluso se observarían aumentos significativos en las rentas.

El reportaje es devastador por lo que deja ver del funcionamiento de la economía de Estados Unidos que en 2000 se encontraba en un momento de verdadera jauja, pero que para 2005 se encontraba ya en la situación que ahora se hace más evidente gracias a las estupideces cometidas por George Bush y el grupo de fanáticos protestantes que lo acompañan en la Casa Blanca.

El catálogo de estupideces incluye pero no se limita a las guerras en Afghanistán e Irak, los errores en el manejo de la economía, la falta de cualquier tipo de protecciones para hacerle frente a la reconversión industrial que se vivió durante los últimos diez años como consecuencia del ingreso de China e India como potencias industriales y de servicios, todos estos elementos han contribuido a generar una situación que ya es insostenible en muchas ciudades de Estados Unidos.

No sólo eso. El presidente del Banco de la Reserva Federal Ben S. Bernanke, se vio obligado a reconocer este miércoles, al comparecer ante comisiones unidas de las cámaras de Senadores y de Representantes, que las cosas en el mercado inmobiliario están lejos de ser positivas y que los efectos negativos de esta situación se dejarán sentir--todavía más--en el futuro inmediato.

Bernanke no quiso comprometerse (de hecho nunca lo hace) con un pronóstico preciso de la magnitud de la crisis, pero es claro que sus palabras tuvieron un efecto negativo sobre los principales indicadores de los mercados accionarios y de futuros de Estados Unidos que cerraron todos con números rojos.

No sólo eso, el Times trae otra nota a propósito de la manera en que se concentra cada vez más el ingreso en Estados Unidos. Esta situación es la consecuencia lógica, por cierto, de los efectos devastadores de los muchos años de gobiernos inspirados por el mantra de los conservadores locales (en otros ámbitos conocidos como liberales, como los señores del Café Hayek y otros "templos" de esa ideología) según el cual el mejor gobierno es el que se destruye a sí mismo reduciendo impuestos, eliminando programas de educación y salud, privatizando todo lo que esté al alcance de sus manos y, sobre todo, dando subsidios fiscales sin precedentes a los más ricos .

La apuesta de Bush y el círculo de pastores protestantes que lo asesoran era que los más ricos --tan generosos como son--habrían de reinvertir en actividades productivas o ya de perdida habrían de gastar en la economía local el excedente generado por los generosos recortes en los impuestos a los más ricos. Ninguna de las dos hipótesis se cumplieron y el hecho es que la economía de Estados Unidos enfrenta una situación muy seria que sólo los necios insisten en desconocer.

De ahí que aferrarse, como lo hace el gobiernito instalado en Los Pinos, en que la solución a los problemas de México va a venir por el lado de un acuerdo migratorio con Estados Unidos sea uno más de los sueños guajiros con los que los panistas gustan de engañarse a sí mismos ahora que tienen responsabilidades públicas que antes no tenían.



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