miércoles, marzo 28, 2007

Finalmente

Cuando y menos donde se esperaba saltó la liebre y ello forzó a que finalmente la política en México pasara de la adulación cachondera con quienes se dicen amenazados por el narco para elevar sus índices de popularidad a algo más interesante y relevante.

La liebre saltó por el lado del gobierno del Distrito Federal. Marcelo Ebrard, desesperado por hacerse de una identidad como político de izquierda (fue mi jefe cuando era un dócil jefe de asesores de Manuel Camacho que a su vez era un dócil alfil de la campaña presidencial de Carlos Salinas de Gortari desde su posición como secretario de Desarrollo Urbano y Ecología), lo llevó a impulsar una innecesaria modificación de distintas leyes y reglamentos en materia de salud en la capital de la República que equivale a una autorización virtualmente sin límites para cometer abortos en nombre de dudosas razones.

Del lado del gobierno federal, desde donde se trató de evitar el conflicto a toda costa, sin embargo, tuvieron que reconocer no sólo la magnitud del reto planteado por el GDF, sino--sobre todo--por la base electoral del panismo que, dejémonos de estupideces y fantasías, es justamente una base que si se movilizó a principios de la década de los ochenta fue justamente por cuestiones como ésta, como la del aborto.

Jorge Serrano Limón podrá ser un líder de cuestionable moral, pues a nadie se le olvidan los dineros que gastó en compra de lencería con cargo a partidas del erario público autorizadas por Luis Pazos, el ciego gurú económico de cientos de miles de mexicanos de clase media, pero el hecho es que es de los pocos que ha logrado construir una base muy activa, muy movilizada y, sobre todo, muy leal al PAN. Eso es algo que a muchos panistas les provoca urticaria porque saben del extremismo del señor Serrano, pero lo que es un hecho es que cuando se trata de movilizar, cuando se trata de aportar votos seguros, votos duros, cuando se trata de respaldar a los gobiernos del PAN, pocos alcanzan la condición de mastín que Serrano tiene.

Los panistas, especialmente en Los Pinos, no querían que les movieran la ficción de la república de mentiritas que se venían imaginando en los últimos meses. Querían evitar a como diera lugar confrontaciones, después de todo no querían deberle más favores a la señora Elba Esther Gordillo y tener que entregarle a cambio más subsecretarías o más empresas paraestatales. Querían que no hubiera broncas con los perredistas. Querían tener contentos a los priístas, querían, pues, que nadie les hiciera olas.

Pero ya sabemos que los perredistas tienen un tacto de elefante ebrio. No pueden evitarlo, está en su código génetico, incluso en el de aquellos que, como Marcelo, vienen de ser fieles soldados del priísmo-salinismo, y fieles a los impulsos del código genético, se lanzaron a la confrontación.

Obsesionados con la mayoría automática que mis poco ilustrados paisanos les han dado en la Ciudad de México desde hace ya casi doce años, creyeron que--como sus padres y abuelos priístas--iban a planchar a una oposición a la que no le iba a quedar de otra que aguantarse. Esa pareció incluso la señal dada desde Los Pinos, cuyo inquilino tímidamente dijo tener una opinión a propósito del aborto pero optó por guardársela (no vaya a ser que se desgaste si la hacía pública) y todo parecía indicar que el gobierno federal, o al menos los secretarios y subsecretarios de Estado que no dependen de la señora Gordillo, iban a seguir la misma lógica: evitar el conflicto, no hacer olas y guardarse--si los tienen--los principios.

No podía ser de otra manera, después de todo a Carlos Castillo Peraza el pronunciarse en contra del uso del condón le costó la ira del actual inquilino de Los Pinos y estuvo a punto de costarle la candidatura a la jefatura de gobierno del Distrito Federal. Lo que sea con tal de no perturbar la paz de las encuestas, era el mantra ya desde 1996.

Pero la fórmula no se sostuvo. Muy por el contrario, como toda comunicación que se precia de serlo, la decisión del perredismo de la capital del país, vino a dividir no a unir a los mexicanos y lo ha hecho para mal. No sólo se autorizará la matanza de miles de no-natos para cumplir con los "principios" de la izquierda que Ebrard quiere representar, sino que--de manera inevitable--se terminó por forzar a la movilización de grupos dentro del PAN que hacía tiempo no se movilizaban.

Para los actuales líderes del PAN es una oportunidad dorada. Finalmente vuelven a tener una razón ideológica para movilizarse y no dependen de las idioteces que Vicente Fox diga entre dosis de Prozac o de las intrigas que su esposa Martita promueva en el tiempo libre que le queda luego de administrarle las muchas dosis de Prozac a Fox. Ni siquiera dependen o tendrán que preocuparse por lo que digan o de dejen de decir los que dicen tener principios e ideas pero se las guardan para que no se les desgasten, la dinámica de la controntación ya está de nuevo aquí.

Como es frecuente en cuestiones políticas, nadie sabe quién será el beneficiario de este nuevo río revuelto, lo que es un hecho es que hay ya un buen número de pescadores listos a tirar sus redes, así como el hecho que la decisión del perredismo "de izquierda" del DF, forzará a una reconfiguración--nadie sabe qué tan amplia--de los acuerdos que le han dado un margen mínimo de viabilidad a la actual administración del gobierno federal.

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Otro asunto que me obliga a salir de mi retiro y volver a escribir (me acabo de recuperar de una brutal enfermedad que acá conocen como flu, como diminutivo de influenza y que me tuvo en la cama por dos semanas con altísimas temperaturas y una diarrea brutal), es que justamente mientras estuve obligado a guardar cama me dí a la tarea de ver televisión como orate.

Una de las cosas que más me llamaron la atención es que en CNN Lou Dobbs, uno de los más importantes anfitriones de los programas de esa cadena, ha llevado su campaña en contra de México a un nuevo nivel. Ya no es sólo la idea de que hay un perverso plan en México para enviar, como su fueran parte de un tour, tantos inmigrantes, documentados e indocumentados, como sea posible a Estados Unidos.

No, ahora las acusaciones se han hecho más intensas e incluyen la de la existencia de un poderoso gobierno en México capaz de poner de rodillas al gobierno de Estados Unidos y forzar--por ejemplo--al arresto y encarcelamiento de dos agentes de la Patrulla Fronteriza acusados de haber disparado en contra de personas--aparentemente mexicanos--en la frontera entre ambos países.

El señor Dobbs se ha lanzado a la cárcel de Mississipi donde están detenidos los dos patrulleros fronterizos y les ha dado el tratamiento de héroes que sus jefes en la Patrulla Fronteriza y el Departamento de Seguridad Interna les negaron. Los presenta como víctimas de una traición de parte de sus jefes que, dóciles como son, hacen lo que quiera que el gobierno de México les ordene hacer.

¡A eso es a lo que yo llamo una imaginación activa y desbordada!

La imaginación de Dobbs, por lo visto, no tiene límites, pero tampoco lo tienen--por lo visto--los desesperados directivos de CNN que están dispuestos a presentar como noticias lo que es claro que son mentiras.

Trsistemente, esta tendencia continuará y se agravará, por cierto, en la medida que las cosas en materia económica de este lado de la frontera no mejoren. La situación--por cierto--es tan mala que hay ciudades enteras, especialmente antiguos centros industriales como Cleveland, Detroit y Cincinati, que han visto crecer el número de familias que han perdido sus hogares. No sólo eso, en las últimas semanas el mercado de las hipotecas sufrió severos reveses cuando algunas de las firmas especializadas en prestar dinero a personas con pobres historiales de crédito empezaron a declararse en quiebra y luego de que DaimlerChrysler decidiera despedir a 13 mil trabajadores en distintas plantas ubicadas, justamente, en esos antiguos centros industriales de Estados Unidos que han visto perder miles y miles de empleos ahora ubicados en China.

Tristemente en México no nos damos por enterados de esta realidad. Insistimos en apostarle todo a la posibilidad de lograr un acuerdo migratorio con Estados Unidos, sin darnos cuenta que en los hechos muchos de los empleos que anteriormente podían considerarse como atractivos para potenciales migrantes han desaparecido del mapa.

No sólo eso, el gobierno federal, preso todavía de la "doctrina" Castañeda en materia de relaciones con Estados Unidos, no logra ver que las condiciones que hacían viable--en la imaginación de Jorge Castañeda y de Arturo Sarukhán--plantear la relación con Estados Unidos en los términos que Castañeda trató de hacer en el contexto de la tragedia nacional que fue el gobierno de Fox (intercambiar seguridad a cambio de empleos para los migrantes) ya no son viables y difícilmente lo serán si el cambio iniciado en 2006 con la derrota de los republicanos culmina en el 2008 con un triunfo de los demócratas en las elecciones presidenciales y legislativas de ese año.



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